Los fetichistas hicimos las maletas, buscamos las llaves para desatarnos de los cabeceros de las camas y alegremente emprendimos el viaje hacia el Salón del Cómic de Barcelona. Con las necesarias paradas para miccionar y los cacheos oportunos de la Guardia Civil llegamos a nuestro albergue. Allí en el bar de al lado nos esperaba para cenar la última sepia sobre la faz de la tierra, un manjar que no supimos saborear como es debido, ya que a la hora de recibir la cuenta todas nuestras papilas gustativas se pusieron a buscar la justificación de los números que mareantes se paseaban ante nuestros ojos, la lengua enloquecida buscaba entre los dientes cualquier trozo de ese manjar celestial, néctar del olimpo, que escondido entre las muelas se negaba a salir temeroso de no ser digno de tan alto título nobiliario, aunque bien pensado entre un conde y una sepia no hay tanta diferencia. Pagamos y salimos de allí. La música de Sergio Leone acompañaba nuestros pasos mientras los camareros se subían a la altura de la nariz los pañuelos que llevaban en el cuello, nuestra cartera indignada seguía gritando improperios que se perdían en el interior del pantalón y que hacían que se nos hincharan los huevos, y así, escaldados llegamos al albergue, donde otro forajido disfrazado de vigilante nocturno intentó hacer malabares con nuestra tarjeta de crédito. Ésta, mareada picó y si no nos damos cuenta casi nos sale la noche como si hubiéramos dormido en el Hilton y la mismísima hija del magnate nos hubiera hecho un felación.
A la mañana siguiente despertamos sospechando entre nosotros, tal había sido la noche anterior con tantos robos que no era para menos, y así cual película de Agatha Christie, esperábamos atentos quién era el siguiente en clavarnos el puñal por la espalda. Y esa mirada achinada fue la que nos ayudó a descubrir una máxima de los albergues, que en el ordenador que hay para Internet sea la hora que sea…siempre hay un chino, no sabemos si es un estilo the ring, que alguno se murió allí esperando un email y su fantasma copa el ancho de banda.
En definitiva que acabamos llegando al Ficomic a pesar de todo y allí se acabaron los malos rollos, nuestra entrada fue espectacular, descolocados por el entorno y el por ser vírgenes en esto de las ferias, ya que en lo máximo que habíamos estado era en las del pueblo, pero con la diferencia que allí no se nos ocurrió gritar un… “Mooooza!! Que no me pase hambre ese culo!!!”.
Montamos nuestro puestecillo y la suerte nos sonrió ya que nos tocó al lado de una gente de lo más maja que uno se pueda esperar. Usando algunas de sus palabras se les podría definir como unos cabronazos de puta madre. El señor Pol con su pedazo de fanzine cuyo nombre por si mismo ya incita a la compra y que además descubrimos que es de una gran popularidad, nos referimos a “Chuck Norris”, cuya lectura ya esta afectando a gente alicantina, Arnau que aparte de tener el vicio de montarse grupos de música (Golpe Mortal), también dibuja y edita sus fanzines “BUGHWEER´S Y OTRAS HISTORIAS CORTAS” y “Gorilass”, buena mierda para ojos y oídos; y por último Nacho otro gran ilustrador además de buena gente, que decoró el salón del cómic con sus lienzos que podéis ver aquí o en “Jersey para los monos“, además de otras ilustraciones y cuentos cortos, todo un lujazo estar con ellos.
Pero tres días con gente tan depravada afecta a cualquiera y así muy a pesar nuestro tuvimos que tirarnos a las cervezas ya que las mujeres no estaban por la labor, por lo que entramos en el famoso bucle de borrachera-resaca que nos duró los tres días y a algunos algo más.
Mención especial también a los “Me gusta más que desayunar un herpe”, un gran fanzine con el que compartimos gustos musicales, gente conocida por nuestra pasión por la cerveza y el desparrame. También destacar a los de Rantifuso, los chicos más perseguidos por la cámaras y que tuvieron que aguantar el tenernos al lado…se han ganado el cielo, a la gente de Flascinder y como no al señor Celestino. En definitiva que había muchos fanzines y muy buen rollo con todo el mundo como es menester.
Así muy a pesar nuestro tuvimos que volver a tierras alicantinas, dejando en el recuerdo, momentos estelares como el señor Héctor Gomis durmiendo con toda su humanidad mientras detrás se realizaba una entrevista, el reencuentro con los señores Javier Crux y Fran Núñez y sobretodo el “Bar Méjico”, único en su especie por nunca cobrar lo mismo pidiendo las mismas cosas de un día para otro y por conseguir cobrar una suma indivisible, eso es un crack de los negocios y lo demás sepia.
Un abrazo a todos/as.














